En Alcalá de Henares, la calle Divino Valles, estaban 24h.

Fui allí al fallar el plan A, ¡era muy tarde!, me quedé con ganas.
Busqué y encontré una casa de chinas.

Al llegar me dicen la tarifas, 50 € media hora y 80 € la hora.
Quiero ir con la chica que me atendió por teléfono y luego me abrió la puerta.

Pero ella no quiere y me presenta a su amiga, que ¡oh sorpresa! es la chica de las fotos que vi.

Aún así me sigue gustando más la otra chica y quiero ir con ella, ella insiste que con su amiga...

Entramos en una especie de bucle, tú, yo no mi amiga, tú, yo no mi amiga, tú...
Para salir del bucle un último intento: ¿entonces contigo no se puede?

Ya pensaba en irme, tras un silencio, ella acepta.
De estatura mas o menos 150 cm, no saqué el metro, un poco gordita, pelo largo y liso y quizá algo mayorcita aunque ni idea de que edad podría tener.

La di el dinero, 80 € por una hora, la habitación está iluminada con una luz roja...
La pido que ponga más luz, aquella luz roja me ponía nervioso.

Viene con una lámpara y la pone, ahora hay más luz, veo una cama enfrente un sofá, un espejo y un reloj analógico grande.

Me pide que vaya al baño a lavarme, me lleva al bidé y me limpio yo como puedo.
Volvemos a la habitación, trae condones y un gel para ella.

Me la chupa, despacio con suavidad y sin goma, se me pone dura, hacemos un 69.
Su rajilla es oscura y entreabierta, se ve como rosada.

—¿Follamos? —dice ella.
La veo con los pies descalzos y pienso: ¡quiero que se ponga botas altas amarillas con cordones negros!
Pero desisto del capricho.

Ella ahora si me pone la goma, se sube encima, se la mete y después se pone en cuclillas y se mueve de forma rítmica arriba abajo, uuuf, pensaba, ¡qué me corro!

La pido cambiar de postura y se pone a cuatro patas, la cojo de la cintura y la penetro, de vez en cuando la agarraba de su largo pelo liso, procurando no dar tirones ni hacerla daño.

Cambio de postura, ahora ella está boca arriba, se deja besar, pero aprieta sus labios, cerrando la boca
Veo sus pezones, casi negros de lo oscuros que eran.

Cambio el ritmo y penetro con más fuerza, no consigo aguantar y me corro dentro del condón.

Ella se va al baño y la oigo, ¿vomitar?
Luego vuelve sonriendo y me hace preguntas:
—¿Cómo te llamas?
—¿En qué trabajas?
—¿De dónde eres?


Tras terminar su investigación, me sonríe y dice: siempre que vengas conmigo.
Me fui de allí y pasados unos días cuando quise repetir...