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Zapatero a tus zapatos

El Maera

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A las buenas tardes, soy El Maera.

Me sucedió ayer, en Sevilla. La calle San Jacinto, en Triana, la han hecho peatonal. Y por allí pasaba yo, a eso de la una del mediodía, en busca de mis amigos para "jartarnos" de comer.

Veo cómo en una zapatería una princesa se está probando unos zapatos de tacón. Ella tendría unos 25 años, era guapísima, con unos ojos claros muy grandes. Lucía una falda-pantalón minúscula de la que surgían dos piernas perfectamente torneadas. La guinda del pastel eran sus pies: pequeños, muy sexys, con las uñas pintadas en rojo oscuro y los dedos en perfecta disminución.

Sin duda se trataba de una turista, que estaba acompañada de su maromo. Un tío con ese aire estúpido y empanado del guiri nórdico, que no se entera de nada. Él estaba ojeando una guía turística, mientras ella se probaba todos los zapatos de tacón de la tienda y me ponía de los nervios.

Porque se dio cuenta de que la estaba observando, y entonces decidió recrearse en la suerte. Con despaciosidad se probaba el zapato, me miraba, paseaba con él, demorándose en cada paso, saboreando el momento, contoneándose.

Cuando se lo quitaba lo hacía despacio, moviendo los deditos de los pies. Y entonces escogía otro par de zapatos, o paseaba descalza y de puntillas por toda la zapatería, o se ponía en cuclillas para observar no se qué modelo...

Yo ya había dejado de mirar con disimulo, la observaba con descaro sin apartar los ojos de ella. Con mis manos estrujaba el ABC.

Al probarse el enésimo par de zapatos, ese zanguán que tenía por pareja, se percató del espectáculo. Desabridamente y sin mirarme a la cara, le dijo algo a la princesa, ininteligible para mí. Rápidamente, se marcharon sin comprar ningún par de zapatos después de que la niña se probara media tienda.

Al enfilar la calle San Jacinto en dirección al Puente de Triana, la valquiria nórdica se dio la vuelta y me dedicó una sonrisa. Sonrisa que nunca olvidaré, como jamás olvidaré a esta princesa, que ya no volveré a ver en lo que me queda de existencia.

Y aquí termina esta historia deliciosamente frustrada, como tantas otras en mi vida...
 

Priapo72

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Compañero El Maera, seguro que encontrarás en estos días de feria en la capital hispalense algún puti-piso en el cual rememorar las virtudes de esa vikinga. Si no siempre te quedará el rebujito, pescaito frito y el espectáculo curvilineo de los vestidos de gitana. Esas prendas le dan una forma de guitarra a la mujer que a mi personalmente me pone muchísimo.
Buena feria compañero.
Este año me la perdí.
Un saludo.

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Metfrank

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A las buenas tardes, soy El Maera.

Me sucedió ayer, en Sevilla. La calle San Jacinto, en Triana, la han hecho peatonal. Y por allí pasaba yo, a eso de la una del mediodía, en busca de mis amigos para "jartarnos" de comer.

Veo cómo en una zapatería una princesa se está probando unos zapatos de tacón. Ella tendría unos 25 años, era guapísima, con unos ojos claros muy grandes. Lucía una falda-pantalón minúscula de la que surgían dos piernas perfectamente torneadas. La guinda del pastel eran sus pies: pequeños, muy sexys, con las uñas pintadas en rojo oscuro y los dedos en perfecta disminución.

Sin duda se trataba de una turista, que estaba acompañada de su maromo. Un tío con ese aire estúpido y empanado del guiri nórdico, que no se entera de nada. Él estaba ojeando una guía turística, mientras ella se probaba todos los zapatos de tacón de la tienda y me ponía de los nervios.

Porque se dio cuenta de que la estaba observando, y entonces decidió recrearse en la suerte. Con despaciosidad se probaba el zapato, me miraba, paseaba con él, demorándose en cada paso, saboreando el momento, contoneándose.

Cuando se lo quitaba lo hacía despacio, moviendo los deditos de los pies. Y entonces escogía otro par de zapatos, o paseaba descalza y de puntillas por toda la zapatería, o se ponía en cuclillas para observar no se qué modelo...

Yo ya había dejado de mirar con disimulo, la observaba con descaro sin apartar los ojos de ella. Con mis manos estrujaba el ABC.

Al probarse el enésimo par de zapatos, ese zanguán que tenía por pareja, se percató del espectáculo. Desabridamente y sin mirarme a la cara, le dijo algo a la princesa, ininteligible para mí. Rápidamente, se marcharon sin comprar ningún par de zapatos después de que la niña se probara media tienda.

Al enfilar la calle San Jacinto en dirección al Puente de Triana, la valquiria nórdica se dio la vuelta y me dedicó una sonrisa. Sonrisa que nunca olvidaré, como jamás olvidaré a esta princesa, que ya no volveré a ver en lo que me queda de existencia.

Y aquí termina esta historia deliciosamente frustrada, como tantas otras en mi vida...
Yo creo que te tuvo que reconocer y decirle algo así como... "cuidado, que es Atila, tu ya me entiendes, je, je.

Disfruta por esa bendita tierra.

"Mαsturbαrse estα bien, pero follαndo conoces gente"
 

Jersey

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Yo creo que te tuvo que reconocer y decirle algo así como... "cuidado, que es Atila, tu ya me entiendes, je, je.

Disfruta por esa bendita tierra.

"Mαsturbαrse estα bien, pero follαndo conoces gente"
Jajaja... muy bueno, saludos a los dos y a ver si repetimos quedada de los GGG.

Un abrazo,

Jersey
 

Metfrank

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Deseando estoy coño ya,,,

"Mαsturbαrse estα bien, pero follαndo conoces gente"
 

MaríaG

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Con despaciosidad se probaba el zapato, me miraba, paseaba con él, demorándose en cada paso, saboreando el momento, contoneándose.

Cuando se lo quitaba lo hacía despacio, moviendo los deditos de los pies. Y entonces escogía otro par de zapatos, o paseaba descalza y de puntillas por toda la zapatería, o se ponía en cuclillas para observar no se qué modelo...

Yo ya había dejado de mirar con disimulo, la observaba con descaro sin apartar los ojos de ella. Con mis manos estrujaba el ABC.
Podrías titularlo "Hablabas en serio o sólo eran broma".

Si te sirve de consuelo a veces me quedo obnubilada mirando a una zagala y me identifico con Tarantino:

Por favor, debes Iniciar sesión o Registro para ver el contenido.


Y lo de los piececitos es matador.

De hecho, en verano me pasa que todas las mujeres me resultan guapas!!

Comienzo a mirar por sus deditos y voy subiendo la vista recreándome. Total, nunca llego a verles la cara!
Eso, o bien están más buenas, algo propio de la estación o es que en verano las cambian, sueltan a mozas potentes para tenerme loca todo el día [emoji6].

Besos
 

El Maera

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A las buenas tardes, soy El Maera.

¡Joder! Abierto hasta el amanecer es una de las películas de mi vida. Hay una escena que he visto mil veces, pero todavía me sigue poniendo tan cachondo como la primera vez. Es cuando anuncian:
- Y ante ustedes, Satánico Pandemonium.
Y sale Salma Hayek más deslumbrante que nunca, con una boa constrictor albina como bufanda... ¡Qué momentazo!

A mí me pasa lo que a tí, María G, me vuelven loco los pies femeninos. En verano, cuando las chavalas van en chanclas, me pongo cardiaco. A veces, si tengo tiempo, y con mucha discreción, paseo unos minutos detrás de unos pies bonitos.

Con estos antecedentes, imagínate, el rato que pasé mirando a la nórdica en la zapatería. Donde además de unos pies preciosos, se daba cita otra de mis grandes fijaciones, los taconazos.

El relato es totalmente real, esta vez no me he permitido la más mínima licencia literaria. A la niña le gustaba exhibirse... creo que disfrutó poniéndome cachondo tanto como yo observándola. Fue una lástima que su maromo diese por terminada la función, pero ya se sabe, en esta vida todo lo verdaderamente bueno se despacha cicateramente y con cuenta gotas. Tanta felicidad a menudo, resultaría insoportable.

Y ya que estamos hablando de pies. Ahí va esta foto, con la simpar Mandy Dee, saboreando unos sensuales pies femeninos.

 

Valhalla

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La verdad que es toda una amenidad el visionado de algunas, probándose todo todito, y nos quedamos con unas ganas de probarlas... jajaja.
 

Nataly_Madrid

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A las buenas tardes, soy El Maera.

Me sucedió ayer, en Sevilla. La calle San Jacinto, en Triana, la han hecho peatonal. Y por allí pasaba yo, a eso de la una del mediodía, en busca de mis amigos para "jartarnos" de comer.

Veo cómo en una zapatería una princesa se está probando unos zapatos de tacón. Ella tendría unos 25 años, era guapísima, con unos ojos claros muy grandes. Lucía una falda-pantalón minúscula de la que surgían dos piernas perfectamente torneadas. La guinda del pastel eran sus pies: pequeños, muy sexys, con las uñas pintadas en rojo oscuro y los dedos en perfecta disminución.

Sin duda se trataba de una turista, que estaba acompañada de su maromo. Un tío con ese aire estúpido y empanado del guiri nórdico, que no se entera de nada. Él estaba ojeando una guía turística, mientras ella se probaba todos los zapatos de tacón de la tienda y me ponía de los nervios.

Porque se dio cuenta de que la estaba observando, y entonces decidió recrearse en la suerte. Con despaciosidad se probaba el zapato, me miraba, paseaba con él, demorándose en cada paso, saboreando el momento, contoneándose.

Cuando se lo quitaba lo hacía despacio, moviendo los deditos de los pies. Y entonces escogía otro par de zapatos, o paseaba descalza y de puntillas por toda la zapatería, o se ponía en cuclillas para observar no se qué modelo...

Yo ya había dejado de mirar con disimulo, la observaba con descaro sin apartar los ojos de ella. Con mis manos estrujaba el ABC.

Al probarse el enésimo par de zapatos, ese zanguán que tenía por pareja, se percató del espectáculo. Desabridamente y sin mirarme a la cara, le dijo algo a la princesa, ininteligible para mí. Rápidamente, se marcharon sin comprar ningún par de zapatos después de que la niña se probara media tienda.

Al enfilar la calle San Jacinto en dirección al Puente de Triana, la valquiria nórdica se dio la vuelta y me dedicó una sonrisa. Sonrisa que nunca olvidaré, como jamás olvidaré a esta princesa, que ya no volveré a ver en lo que me queda de existencia.

Y aquí termina esta historia deliciosamente frustrada, como tantas otras en mi vida...
Pues yo me llevo la media tienda... of course!
Por cierto con lo fetichista que soy este tema me pone.
[emoji182] [emoji182] [emoji182] [emoji182]
Feliz tarde, amores,


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