Cuando quedé con esta chica, hace ya unos meses, su nombre era otro: María, que parece ser el nombre con el que sigue ejerciendo actualmente. En mi caso no me pidió adelanto, bizum o reserva. Fui directo a una habitación que tenía alquilada en Getafe junto a una amiga suya, también marroquí. Hasta aquí lo bueno de la experiencia. Tras llegar al piso habría sentido más pasión abrazando un témpano de hielo. La amiga fue a esconderse no sé dónde y al cruzarse te mira con desprecio y asco. María, Sarah o Noah dista mucho de lo que promete en las fotos, ha ganado mucho peso, notándose especialmente en la papada y en la barriga, que aparece inflada como si acabara de beber 2 litros de gaseosa. El masaje resulta aburrido y desapasionado, todo el tiempo con los ojos cerrados, dice que lo hace siempre así, probablemente yo sea demasiado feo, en cualquier caso un motivo más para ponerla a cuatro.
En fin, traicioné mi instinto y en lugar de hacer caso a las valoraciones de este santo portal me dejé llevar por las fotos y videos que suele subir a su canal de telegram. Si el arte y la gracia que emplea para camuflar sus kilos de más en las fotos lo empleara en el ejercicio de su actividad, rozaría el 5. Pero no, es un 0. He pasado tardes más divertidas azucarándome el churro yo solo.