Creo que el error es pensar que este trabajo se mide únicamente en cantidad.
Hay profesionales que prefieren atender a muchas personas al día y otras que elegimos trabajar de una manera mucho más selectiva, cuidando tiempos, energía, conversación y experiencia.
Al final, igual que en cualquier profesión donde existe trato humano, no todo depende del número, sino de cómo decides hacer las cosas.
Personalmente, nunca he creído demasiado en eso de convertir encuentros en una cadena de montaje. Prefiero pocos encuentros bien elegidos, tranquilos y con verdadera conexión mental, emocional y física, antes que acumular citas sin filtro.
Y curiosamente, el desgaste rara vez viene del intercambio físico en sí. Suele venir más de la logística, de ciertos cambios constantes de energía, de la gestión emocional propia y ajena, de algunas actitudes o de personas que olvidan que delante tienen un ser humano y no un personaje disponible en modo automático.
Cuando hay clase, higiene, conversación, complicidad y buen trato por ambas partes, la experiencia cambia muchísimo. Y eso se nota.
En cuanto a "tener clase", amigos míos, esto no tiene que ver con conducir un Dacia o un Mercedes. De hecho, algunos de los hombres con más clase que conozco, no necesitan demostrar ni alardear absolutamente nada.
La verdadera categoría es la humana y suele notarse más en cómo alguien mira, escucha, trata y hace sentir a los demás que en el logotipo que lleva en el volante.
Y eso, curiosamente, influye muchísimo más en la experiencia de lo que algunos imaginan.
Muchos besos.