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Bueno, os cuento por fin esta aventura, cuyo relato se vió interrumpido por la llegada abrupta de la parienta (casi me da un síncope).
Estaba por la zona de sierra por unos trámites familiares y es incuestionable que los paisajes son muy bonitos, pero soy casero así que no me llama tanto. Hay otras cosas que me interesan mucho más.
Sabía de la existencia de un local por la zona, que tenía ganas de probar desde hace tiempo. Ni corto ni perezoso, me presento y, como suelo hacer siempre que llego a un lugar nuevo, pido el paseillo. Eso te permite hacerte con una idea en general de lo que hay y ver la actitud inicial de las candidatas.
Al final opté por la que me había llamado la atención inicialmente y la que me llevó: Paula, la mulatita.
Se trata de una mulatita muy sabrosa, una pizca del sol del caribe llegada para calentarme en el frío de la sierra de Madrid. Como tantas latinas (que Dios las bendiga a todas) es simpática y cariñosa. Sus dotes con el Francés son dignos de un doctorado en la Sorbonne, tanto que casi me liquida. Tuve que pararle los pies y ponerla en postura de devolverle el favor. La chica visiblemente disfruta mucho y se pone a tono que da gusto.
Cuando empezaron los gritos me doy cuenta que había llagado la hora: le di la vuelta y la puse a 4 a inspeccionar de cerca la almohada. Mientras ella miraba de cerca el colchón, yo admiraba esas nalgas morenas que me hicieron recordar con deleite la meriendas de colacao y nocilla de mi infancia.
El ver cómo se sacudían es un espectáculo que aun recuerdo y aun me sacude a mi.
Definitivamente una buena experiencia. El único problema es que la chica está donde Santa Nefija perdió las bragas, pero si vuelvo por la zona, volveré a visitarla.
Fotos de Paula (+4 fotos más)
Estaba por la zona de sierra por unos trámites familiares y es incuestionable que los paisajes son muy bonitos, pero soy casero así que no me llama tanto. Hay otras cosas que me interesan mucho más.
Sabía de la existencia de un local por la zona, que tenía ganas de probar desde hace tiempo. Ni corto ni perezoso, me presento y, como suelo hacer siempre que llego a un lugar nuevo, pido el paseillo. Eso te permite hacerte con una idea en general de lo que hay y ver la actitud inicial de las candidatas.
Al final opté por la que me había llamado la atención inicialmente y la que me llevó: Paula, la mulatita.
Se trata de una mulatita muy sabrosa, una pizca del sol del caribe llegada para calentarme en el frío de la sierra de Madrid. Como tantas latinas (que Dios las bendiga a todas) es simpática y cariñosa. Sus dotes con el Francés son dignos de un doctorado en la Sorbonne, tanto que casi me liquida. Tuve que pararle los pies y ponerla en postura de devolverle el favor. La chica visiblemente disfruta mucho y se pone a tono que da gusto.
Cuando empezaron los gritos me doy cuenta que había llagado la hora: le di la vuelta y la puse a 4 a inspeccionar de cerca la almohada. Mientras ella miraba de cerca el colchón, yo admiraba esas nalgas morenas que me hicieron recordar con deleite la meriendas de colacao y nocilla de mi infancia.
El ver cómo se sacudían es un espectáculo que aun recuerdo y aun me sacude a mi.
Definitivamente una buena experiencia. El único problema es que la chica está donde Santa Nefija perdió las bragas, pero si vuelvo por la zona, volveré a visitarla.
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