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- 8 Sep 2021
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Queridos cofrades,
Aquí vengo a relatar mi última experiencia en el chalet de chinitas/asiáticas de Majadahonda.
Se trata de un lugar con muy buenas instalaciones, fácil de aparcar y con precios contenidos, lo cual se agradece enormemente en estos tiempos en los que escasean los cuartos, pero no las ganas.
Me presento un sábado por la tarde, con la tranquilidad de que cuando dicen 24 h, es 24 h. Me hacen el paseíllo y se vuelve a manifestar el problema de la casa: la mayoría de las chicas tienen ya una edad que recomienda el cambio de primera linea de frente a mamasán.
Algunas juraría que están recién llegadas de China, porque me saludan de lejos y con una reverencia. Me siento en una parodia porno de una peli de Bruce Lee.
Por suerte, entre ellas se encuentra mi amiga Eva. Eva es una chica que rondará los 35 y con la que ya estuve en el pasado. Es guapa, delgada y alta para su nacionalidad. Lleva gafitas y recuerda a esa empollona que todos tuvimos en clase de niños. Sí, esa a la que querías arrancar la ropa, dejarla sólo con sus gafas y hacerle locuras inconfesables. Ya lleva tiempo en España y sabe que a los españoles nos gusta que nos saluden con un beso y que las reverencias nos gusta que nos las hagan mirando a Cuenca.
Me pido una hora con Eva por 80 euros.
Nos vamos hacía arriba y mientras sube, le acaricio la cintura a través del vestido negro largo que lleva. Se gira el rostro y me dedica una sonrisa: esto marcha, pienso yo.
La habitación es amplia, limpia y cómoda, con un baño incluido. Empezamos con mag. y nos vamos a la ducha, donde Eva ya va dando señales de esa actitud dulce, servicial y complaciente de las chinitas. Es cierto que de español no sabe mucho, pero de francés sabe un rato y me da una primera muestra que me deja con ganas de más.
En la cama es donde empieza un discurso en francés que sólo interrumpe para las exclamaciones tipo "¡oh, glande!" sin las cuales esto no sería lo mismo. Como buen caballero decido darle el mismo trato y le indico que asuma la posición 69. Aquí ocurre algo un poco extraño: aunque visiblemente disfruta mucho, como que se corta y me pide que pare. ¡Y una mierda! La pongo en una posición donde la tengo más controlada y le aplico el tercer grado. Aquí nuestra heroína se vuelve loca: gime, grita, tiembla y se retuerce de una forma que hasta a mí me sorprende. A veces se aleja del micro para gritar "¡oooh, caliño, caliño!", pero la disciplino con un cache. en las nal. y la mando volver al micro.
Tras un buen rato de contorsiones y jadeos, me grita "¡Estoy toda agua!". Cuentos chinos, pienso yo, pero decido darle un margen de confianza, compruebo sus profundidades y la chica no miente. Mi chinita fluye caudalosa. Es la hora.
La pongo en la posición adecuada, y mientras entro a ello, ella toca la guitarra con frenesí. Así no duraremos mucho, caliño. Dicho y hecho, al poco rato estábamos gritando y aullando más que el perro que tienen a la entrada.
Pasamos a un masajito cariñoso y agradable, mientras hablamos de nuestras cosas y con algo de dificultad me cuenta de su vida y familia en China. Es una chica maja y dulce con la que da gusto estar.
Me despido con ganas de volver. Hubo mucha química y fue una experiencia deliciosa. Habrá más.
Eva es una chica a la que recomiendo, amable, dulce y guarr., como debe de ser. Tratadla con caliño.
Aquí vengo a relatar mi última experiencia en el chalet de chinitas/asiáticas de Majadahonda.
Se trata de un lugar con muy buenas instalaciones, fácil de aparcar y con precios contenidos, lo cual se agradece enormemente en estos tiempos en los que escasean los cuartos, pero no las ganas.
Me presento un sábado por la tarde, con la tranquilidad de que cuando dicen 24 h, es 24 h. Me hacen el paseíllo y se vuelve a manifestar el problema de la casa: la mayoría de las chicas tienen ya una edad que recomienda el cambio de primera linea de frente a mamasán.
Algunas juraría que están recién llegadas de China, porque me saludan de lejos y con una reverencia. Me siento en una parodia porno de una peli de Bruce Lee.
Por suerte, entre ellas se encuentra mi amiga Eva. Eva es una chica que rondará los 35 y con la que ya estuve en el pasado. Es guapa, delgada y alta para su nacionalidad. Lleva gafitas y recuerda a esa empollona que todos tuvimos en clase de niños. Sí, esa a la que querías arrancar la ropa, dejarla sólo con sus gafas y hacerle locuras inconfesables. Ya lleva tiempo en España y sabe que a los españoles nos gusta que nos saluden con un beso y que las reverencias nos gusta que nos las hagan mirando a Cuenca.
Me pido una hora con Eva por 80 euros.
Nos vamos hacía arriba y mientras sube, le acaricio la cintura a través del vestido negro largo que lleva. Se gira el rostro y me dedica una sonrisa: esto marcha, pienso yo.
La habitación es amplia, limpia y cómoda, con un baño incluido. Empezamos con mag. y nos vamos a la ducha, donde Eva ya va dando señales de esa actitud dulce, servicial y complaciente de las chinitas. Es cierto que de español no sabe mucho, pero de francés sabe un rato y me da una primera muestra que me deja con ganas de más.
En la cama es donde empieza un discurso en francés que sólo interrumpe para las exclamaciones tipo "¡oh, glande!" sin las cuales esto no sería lo mismo. Como buen caballero decido darle el mismo trato y le indico que asuma la posición 69. Aquí ocurre algo un poco extraño: aunque visiblemente disfruta mucho, como que se corta y me pide que pare. ¡Y una mierda! La pongo en una posición donde la tengo más controlada y le aplico el tercer grado. Aquí nuestra heroína se vuelve loca: gime, grita, tiembla y se retuerce de una forma que hasta a mí me sorprende. A veces se aleja del micro para gritar "¡oooh, caliño, caliño!", pero la disciplino con un cache. en las nal. y la mando volver al micro.
Tras un buen rato de contorsiones y jadeos, me grita "¡Estoy toda agua!". Cuentos chinos, pienso yo, pero decido darle un margen de confianza, compruebo sus profundidades y la chica no miente. Mi chinita fluye caudalosa. Es la hora.
La pongo en la posición adecuada, y mientras entro a ello, ella toca la guitarra con frenesí. Así no duraremos mucho, caliño. Dicho y hecho, al poco rato estábamos gritando y aullando más que el perro que tienen a la entrada.
Pasamos a un masajito cariñoso y agradable, mientras hablamos de nuestras cosas y con algo de dificultad me cuenta de su vida y familia en China. Es una chica maja y dulce con la que da gusto estar.
Me despido con ganas de volver. Hubo mucha química y fue una experiencia deliciosa. Habrá más.
Eva es una chica a la que recomiendo, amable, dulce y guarr., como debe de ser. Tratadla con caliño.
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