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- 13 Jun 2015
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Experiencia con Mía venezolana
El ritual comienza en el recibidor, donde la encargada da la bienvenida al cliente y se encarga de los aspectos formales del pago. Una vez arreglado todo, Mía aparece, portando una copa para romper el hielo, y acompañada de las sábanas y toallas limpias que garantizarán el confort total. La sugerencia de empezar siempre con una ducha juntos es recomendación de la casa, ya que establece un nivel de intimidad y confianza desde el primer instante, derribando cualquier barrera y permitiendo que la conexión fluya de manera más espontánea.
Las habitaciones están diseñadas para el confort y la discreción. Dos de ellas, las más solicitadas, cuentan con baño privado, un lujo que las convierte en el epicentro de la actividad. Todo está pensado para que la experiencia sea impecable: en los cajones de las mesas de noche, el cliente encontrará un kit completo de placer, con guantes, lubricantes de diversas texturas, toallitas húmedas para la frescura, cremas y aceites corporales para masajes que despiertan la piel. Cada baño está equipado con enjuague bucal para un aliento fresco, papel de baño, gel de manos y gel de ducha, asegurando que cada detalle esté cubierto para que la única preocupación sea disfrutar del momento.
Mía es una joven venezolana de 20 años, una presencia que capta la atención desde el primer momento. Mide aproximadamente 1,65 metros y su figura es un canto a la feminidad: unos senos grandes y naturales que se armonizan con curvas pronunciadas y una cintura que acentúa su silueta. Su largo y oscuro cabello cae en cascada sobre sus hombros, enmarcando un rostro de una belleza impactante, con unos rasgos finos y una mirada que combina dulzura con un atisbo de misterio. Pequeños detalles, como un discreto piercing en la nariz y algunas estrías en sus glúteos, no son imperfecciones, sino huellas de su historia que añaden un toque de autenticidad y calidez a su atractivo.
A pesar de ser novata en este mundo, Mía ofrece un trato de novia que sorprende por su naturalidad y entrega. No se limita a cumplir un guion; se sumerge por completo en la experiencia, creando una conexión genuina que hace que cada encuentro se sienta único y personal. Sus ósculos son apasionados y profundos, con,
y domina el masaje francés sin guantes con una habilidad que parece innata, demostrando que aunque su experiencia sea breve, su talento y su vocación son innegables.
Me queda por probar a las otras masajistas pero seguro que repetiré con Mía. Muy recomendable.
El ritual comienza en el recibidor, donde la encargada da la bienvenida al cliente y se encarga de los aspectos formales del pago. Una vez arreglado todo, Mía aparece, portando una copa para romper el hielo, y acompañada de las sábanas y toallas limpias que garantizarán el confort total. La sugerencia de empezar siempre con una ducha juntos es recomendación de la casa, ya que establece un nivel de intimidad y confianza desde el primer instante, derribando cualquier barrera y permitiendo que la conexión fluya de manera más espontánea.
Las habitaciones están diseñadas para el confort y la discreción. Dos de ellas, las más solicitadas, cuentan con baño privado, un lujo que las convierte en el epicentro de la actividad. Todo está pensado para que la experiencia sea impecable: en los cajones de las mesas de noche, el cliente encontrará un kit completo de placer, con guantes, lubricantes de diversas texturas, toallitas húmedas para la frescura, cremas y aceites corporales para masajes que despiertan la piel. Cada baño está equipado con enjuague bucal para un aliento fresco, papel de baño, gel de manos y gel de ducha, asegurando que cada detalle esté cubierto para que la única preocupación sea disfrutar del momento.
Mía es una joven venezolana de 20 años, una presencia que capta la atención desde el primer momento. Mide aproximadamente 1,65 metros y su figura es un canto a la feminidad: unos senos grandes y naturales que se armonizan con curvas pronunciadas y una cintura que acentúa su silueta. Su largo y oscuro cabello cae en cascada sobre sus hombros, enmarcando un rostro de una belleza impactante, con unos rasgos finos y una mirada que combina dulzura con un atisbo de misterio. Pequeños detalles, como un discreto piercing en la nariz y algunas estrías en sus glúteos, no son imperfecciones, sino huellas de su historia que añaden un toque de autenticidad y calidez a su atractivo.
A pesar de ser novata en este mundo, Mía ofrece un trato de novia que sorprende por su naturalidad y entrega. No se limita a cumplir un guion; se sumerge por completo en la experiencia, creando una conexión genuina que hace que cada encuentro se sienta único y personal. Sus ósculos son apasionados y profundos, con,
Me queda por probar a las otras masajistas pero seguro que repetiré con Mía. Muy recomendable.
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