No me extraña, porque últimamente parece un resurgir del Marconi. Aunque quiero primero comentar el asunto de las drogas.
Yonkies: se ven casi a cualquier hora y por cualquier calle del polígono. Aunque la concentración más llamativa, está en la calle San Norberto, a dos pasos de la iglesia, Fuente de Vida center y a tres del metro.
No se meten con nadie, a lo sumo se acercan para ofrecerte sus servicios a partir de 5 euros.
Es simple y llanamente lamentable el estado de muchas de ellas, bien por necesitar un chute o bien por acabar de habérselo metido. El caso es que a mí personalmente me dan lástima, aún así lo que no he hecho nunca es haber subido al coche a ninguna de ellas, la limpieza es algo fundamental e imprescindible cuando hablamos de una relación y bastante tienen ellas, con mantenerse en pie. Aún así he podido comprobar que tienen su público supongo que si no fuera así, estarían en otro lugar.
Les deseo a ellas todo lo mejor.
Asimismo, he tenido la suerte de conocer nuevas chicas para mí.
Cristina, joven rumana de pelo moreno, con tatuajes, preciosa de cuerpo y cara.
Muy agradable en las distancias cortas, y muy profesional. Su ubicación es doble en este caso, por las mañanas se pone en la rotonda de entrada al polígono llegando por Valle Tobalina según me comentó. Después, por las tardes, en la misma calle Valle Tobalina, justo detrás de la calle San Mamés y de la nave nueva de los trasteros de color amarillo.
Si tenéis oportunidad, por 20 pelotes te hace un apaño bastante rico.
Caty, es nativa de Honduras, y con un tono de timidez, que la hace muy sensual. El pelo con mechas, y de corta estatura. Iba con una faldita corta lo cual me dió una buenísima impresión, y una blusa negra, a juego y dejando entrever unos senos de buen tamaño.
La vi en la calle Buitrago de Lozoya y nos fuimos a la derecha a la calle San Mamés. Es muy cumplidora y se excita bastante con los toquecitos sutiles, sin dejar de dar una clase de flauta travesera, para después de un buen rato, culminar cabalgandome. Me confesó antes de bajarse, que lo había disfrutado mucho y que podríamos vernos nuevamente y más despacio.
Como soy un caballero, y a mí también me gustó su presencia, volveremos a charlar una tarde de estas. Se ubica todos los días, de 20 a 23 horas, en el mismo lugar, esos si, entre 2 coches, que con el moreno de su piel, sus ropas oscuras y ya de noche, lo mismo ni la ves.
Evidentemente, por 20 pelotes, es un valor seguro.
Camila, natural de Brasil, mulata con una sonrisa preciosa y lo que más me impactó fueron sus ojos negro azabache, no tuve más remedio que invitarla a subir al coche para poder verlos más cerca.
No os digo más que he tenido la suerte de conocerla, y además de repetir 2 días más con semejante pibón.
Y no será la última...
Larga vida al Rock and Rooll!