Homenaje al Mono Txarli.
A los buenos días, soy El Maera. Pues resulta que hoy me he despertado pensando en el mono Txarli. Hacía mucho tiempo que no me acordaba de él... me he despertado Palote, será eso, una cosa lleva a la otra...
Os presento al personaje. En la Pamplona de mi adolescencia, allá por los años ochenta, en el parque de la taconera había un montón de animalitos para goce y deleite de niños y abuelitos. Y en una jaula había un mono. Este mono se la estaba pelando todo el santo día, para regocijo de los niños y espanto de papás y personas bien pensantes. A mí me gustaba mucho caer por allí y observar las caras de asombro de los nenes y las caras de estupor de los progenitores. También estaba muy bien escuchar las preguntas que los niños hacían sobre las actividades del mono y las evasivas con las que contestaban las personas adultas. Era un descojono.
Pero además, el mono Txarli era un hijoputa de cuidado. A pesar de que había un letrero avisando de que no había que acercarse a la jaula, siempre había algún idiota que se acercaba más de la cuenta. En ese momento, Txarli daba un salto desde el fondo de la jaula ¡y zas! le quitaba las gafas al imprudente. El mono Txarli tenía una colección de lentes, robadas de esta manera. Si el imprudente no llevaba gafas, entonces le arañaba y le mordía. Así que mi primo Aitor y un servidor, los pasábamos divinamente viendo al mono cascársela y agrediendo al personal. El mono Txarli llegó a ser una institución en la vieja Iruña.
Un buen día, Txarli desapareció. Nadie sabía qué había sido de él. Se dispararon los rumores. Unos decían que Txarli se había escapado, otros que se había muerto víctima de su propio afán masturbatorio, "la ha palmado de tantas pajas como se hacía", decían. Yo pienso que a Txarli le asesinaron los operarios del ayuntamiento, hartos de quejas y denuncias, en una ciudad tan pacata, tan meapilas y tan opusina como es Pamplona. Para toda esa pandilla de beatas y estreñidos, el pobre mono Txarli era un escándalo intolerable.
Pero Txarli sigue vivo, todos los chavales que lo vimos, nos acordamos de él. Txarli era una cachondo mental, que siempre hacía lo que le salía de los cojones y la opinión del personal le daba igual. Era todo un referente vital en un ambiente donde todos nuestros mayores pretendían educarnos, ergo domesticarnos. Y esos cachondos que quieren que los sanfermines duren un día más, han nombrado a Txarli su santo patrón. Me parece muy bien. Por cierto, los del movimiento 15-J últimamente están muy paraos...
En fín, que cuando me acuerdo del mono Txarli, inevitablemente aflora una sonrisa en mi rostro. Y he querido compartir esta castiza historia con vosotros. Un saludo a todos.