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- 1 Feb 2017
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Una vez más he necesitado de los servicios especiales y naturales de María. Después de un tiempo sin poder ir a verla, conseguimos cuadrar una visita a sus instalaciones, ahora más grandes, discretas y mejor acondicionadas para sus terapias.
Llegué puntual y pude aparcar sin problema, subí al lugar del encuentro y allí estaba ella, exuberante, maravillosa y llena de energía. Me recibió con un cálido abrazo, el cuál se alargó por el deseo que ambos teníamos de empezar la terapia.
Una vez nos pusimos cómodos y pasamos el protocolo básico de higiene, empezó un festival de ósculos, que derivó en una amplia conversación en todas las lenguas que domina María. Estaba tan emocionado, que notaba que terminaríamos la conversación en breve, así que nos pusimos a hacer ejercicio, todo al natural como lo hacían los antiguos griegos, hasta que desfallecimos, sin poder hacer otra cosa que quedarnos enganchados el uno al otro. Yo quedé seco y ella empapada.
Había pasado ya una hora, así que decidí darme una ducha para volver a mis quehaceres diarios, pero María tenía otros planes, entré en la ducha y ella tuvo a bien echarme una mano para calentar el agua. Cuando parecía que ya estaba a una temperatura adecuada, María salió de la ducha para darme intimidad, pero cuando miré fuera al ducha, observé que estaba agachada, recogiendo una toalla que se había caído por el frenesí anterior. La visión de su cuerpo en esa postura despertó algo en mi, un fuego intenso como nunca antes había sentido recorrió mi piel empapada por el agua. María estaba claramente invitándome a que me uniera a ella de nuevo, así que sin mediar palabra salí de la ducha, me acerqué por detrás, la tomé de sus caderas y empezamos un baile hipnótico contra los azulejos del cuarto de baño hasta que ambos explotamos.
Nunca pensé que podría acabar tantas veces de una forma tan intensa, pero es que con María todo es así, consigue sorprenderme en cada visita, con cada palabra, con cada roce...
Sigue siendo un valor seguro, los 150 € que me gasté en la terapia son la mejor inversión que pude hacer. Por eso sigo visitando a María desde hace años, porque es simplemente única y nunca defrauda. Ya estoy deseando volver a visitarla a ella o alguna de sus amigas.
Llegué puntual y pude aparcar sin problema, subí al lugar del encuentro y allí estaba ella, exuberante, maravillosa y llena de energía. Me recibió con un cálido abrazo, el cuál se alargó por el deseo que ambos teníamos de empezar la terapia.
Una vez nos pusimos cómodos y pasamos el protocolo básico de higiene, empezó un festival de ósculos, que derivó en una amplia conversación en todas las lenguas que domina María. Estaba tan emocionado, que notaba que terminaríamos la conversación en breve, así que nos pusimos a hacer ejercicio, todo al natural como lo hacían los antiguos griegos, hasta que desfallecimos, sin poder hacer otra cosa que quedarnos enganchados el uno al otro. Yo quedé seco y ella empapada.
Había pasado ya una hora, así que decidí darme una ducha para volver a mis quehaceres diarios, pero María tenía otros planes, entré en la ducha y ella tuvo a bien echarme una mano para calentar el agua. Cuando parecía que ya estaba a una temperatura adecuada, María salió de la ducha para darme intimidad, pero cuando miré fuera al ducha, observé que estaba agachada, recogiendo una toalla que se había caído por el frenesí anterior. La visión de su cuerpo en esa postura despertó algo en mi, un fuego intenso como nunca antes había sentido recorrió mi piel empapada por el agua. María estaba claramente invitándome a que me uniera a ella de nuevo, así que sin mediar palabra salí de la ducha, me acerqué por detrás, la tomé de sus caderas y empezamos un baile hipnótico contra los azulejos del cuarto de baño hasta que ambos explotamos.
Nunca pensé que podría acabar tantas veces de una forma tan intensa, pero es que con María todo es así, consigue sorprenderme en cada visita, con cada palabra, con cada roce...
Sigue siendo un valor seguro, los 150 € que me gasté en la terapia son la mejor inversión que pude hacer. Por eso sigo visitando a María desde hace años, porque es simplemente única y nunca defrauda. Ya estoy deseando volver a visitarla a ella o alguna de sus amigas.
