El otro dia me pasé por esta casa de masajes (y algo mas si lo pagas).
Antes solia ir bastante cuando estaban en Sor Angela de la Cruz pero no habia vuelto a ir desde hace por lo menos 3 años.
Hellen siempre me pareció un valor seguro en cuanto a buenos masajes.
Sin embargo el otro día decidí pasar a conocer a Sol.
Debo decir, muy a mi pesar, que no fue una experiencia que quedé en los anales de la historia de los masajes. Paso a relatar...
Llego a la casa, en Marques de Viana. No está tan cerca de Bravo Murillo como ponen en su web. De hecho está en el otro extremo de la calle, casi en el paseo de la Dirección.
Edificio sin portero. Discreto.
Llamo a la puerta y me abre Sol. Una masajista bajita, de 1,60 aprox., vestida con una especie de picardías de encaje negro.
En mi opinión tiene una cara graciosa. No es guapa, pero tiene su punto. Aunque esto va en gustos.
De cuerpo no es que este para tirar cohetes. No está precisamente delgada y no tiene formas.
La conversación inicial es rara... parece que no se entere de lo que estoy diciendo. No sé si es por timidez, o por qué, pero no me sentí demasiado cómodo.
Pensé que durante el masaje, y teniendo en cuenta las cosas que pone en su perfil de la pagina web de la casa, la cosa mejoraría.
Estaba equivocado.
Duchita en un baño inmaculado.
Según vuelvo a la habitación, me pregunta que quiero. Habíamos hablado por messenger 15 minutos antes y ya le había explicado que quería. Pero bueno... se lo vuelvo a repetir. Masaje erótico con doble relax bla bla... Por cierto, 50 pavos la hora.
Me tumbo, y me pregunta, otra vez, qué quiero. Le digo que improvise. Me pregunta si quiero con aceite. A ver, una cosa es preguntar al cliente como quiere el servicio, y otra cosa es saber como hacer cierto servicio.
Me sentí como cuando te montas en un taxi, y tras dar la dirección, el taxista te pregunta por donde quieres ir.
Empieza con un manoseo sin sentido, frotamientos varios. En ese momento ya se que mucho tiene que mejorar la cosa para que acabe en éxito.
Por cierto que de lo que pone en su web, a la realidad dista una distancia que debe medirse en años luz.
Fogosidad nula. Implicación escasa. Una paj. como otras 100mil.
Primer asalto concluido.
Proactividad cero. Si no le digo yo de darme la vuelta para que me de un masaje, hubiéramos estado el resto del tiempo boca arriba mirando el techo.
Demasiado parloteo intrascendente para mi gusto.
El masaje es un pasamanos sin intención. Ni es sensitivo, ni por supuesto, terapeútico.
Cuando veo que quedan 10 minutos para acabar el tiempo, me doy la vuelta a ver si pilla la indirecta, pero la cosa va lenta... 5 minutos después se da cuenta de que la cosa hay que acabarla. Y la acaba con una paj. distraída y sin interés.
Una pena no haber elegido a Hellen. Por que desde luego, con esta chica, un masaje es dinero tirado.