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Una Comida Picante

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SweetDominique

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12 Mar 2025
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Hace unas semanas, un día que fui a un spa swinger para acompañar a un amigo en el horario de parejas, conocí a un señor de casi sesenta años que en teoría venía con su “pareja”. La verdad es que hice como que lo creí, pero normalmente cuando hay un señor tan mayor, con una chica así, hay dinero de por medio fijo.

Así que en los vestuarios me dijeron que su mujer había descubierto hace poco que le gustaban las mujeres, que estaban buscando una chica, y que si les podía dar el Telegram. Yo le dije que mi tiempo era escaso y estaba muy demandada en estos ambientes, con lo cual, daría prioridad a la gente que me diera alguna gratificación a cambio.

Me contestó que sí. Así que le comenté por Telegram que tenía una amiga milf que estaba muy buena y a la que LE gustaba de vez en cuando jugar a cambio de caramelitos como a mí. He de decir que nosotras no nos vamos con cualquiera que nos dé cositas, porque tenemos que valorarnos y nuestro morbo es muy superior a la media. Lo siento pero es así.

Así que el señor nos dijo que por qué no quedábamos los tres y nos traía a uno de sus amigos. Estos tíos eran de mucho dinero. De hecho, uno nos enseñó una foto de su Ferrari. Con caramelitos de por medio cualquiera se enamora.

Fue entonces cuando nos convocaron el lunes a la 13.00 en un restaurante muy pijo donde el plato mínimo no bajaba de veintitantos euros. No necesito comidas caras, pero la verdad que da morbazo que dos tíos con muchos caramelitos te deseen tanto que estén dispuestos a lo que sea. Te hace sentir una zorra empoderadísima.

Mi amiga tiene como tradición llegar tarde, pero además ese día me confundí de autobús y llegué igual de tarde. Así que esta vez no pude enfadarme con ella, si bien no soporto a la gente que siempre llega tarde a los sitios.

Nos presentamos con looks donde se daba a entender que el material era bueno pero sin provocar demasiado. Ella, 1.75, pelazo largo y liso, pantalones vaqueros marrones muy ajustados con unas botas con cordones y algo de tacón, una camisa de ejecutiva sexy y un olor propio que ponía cachondo a cualquiera. Yo, con jersey ajustado de cuello alto verde aguamarina, unos vaqueros elásticos ajustaditos que daban a entender que mi culito era redondo y estaba bien puesto, con unas zapatillas de deporte blancas y negras. Nadie de los que nos vieran entrar jurarían que éramos tan putas de puertas para adentro.

El restaurante era tan chic, que el señor mayor había reservado una sala privada para comer los cuatro (bueno, si fuera sólo comer...) . Tal vez el hecho de advertirle que si estábamos sólos haría algunas travesuras de las mías por debajo de la mesa a su amigo sin que este supiera nada, influyó en ello.

Le avisé de que llegaríamos algo tarde y me pasó una foto de la sala lamentándose de que nadie había aparecido aún. Pobre viejo entrañable.

Justo cuando llegué vi el coche de mi amiga llegar y la esperé para entrar juntas y provocar mejor a los pervertidos senior.

Finalmente llegamos a la puerta y una señora de más de cuarent acon pinta de cayetana y de acudir a todos los mítines del PP nos pregunta si habíamos reservado una mesa. Le contesto que teníamos mesa a nombre de un tal (digo nombre y apellidos) y nos lleva haciala sala.

Cuando llegamos tanto nuestras caras como las suyas actúan sorprendidas. Nosotras, por el glamour del restaurante, flipando por lo que son capaces de hacer dos tíos con dinero con tal de “jugar”con dos hembras ibéricas como nosotras. Mientras ellos, en cambio, acostumbrados a un alto nivel económico de vida, estupefactos por el par de zorritas que tenían enfrente. Sobretodo la que más llamabala atención era mi amiga milf, cuyo perfil suele atraer a la mayoría de los hombres: alta, morbosa, voz y olor sexy, maneras elegantes y buenas tetas a la par que grandes pero firmes.

La verdad es que no estoy acostumbrada a tantos lujos. Mi amiga milf, sí, ya que es una mujer importante de negocios que está acostumbrada a que hombres de dinero le inviten a sitios elegantes y caros, pero yo, una chica de barrio humilde, todavía encuentro nuevo esto.

Cuando nos preguntaron cómo sentarnos, me posicioné como líder y dirigí las formaciones, teniendo claro los juegos que iba a seguir. Mi amiga a mi izquierda y yo a su derecha, y enfrente mía el amiguito nuevo aún por pervertir a escondidas de su mujer y frente a mi amiga milf, el otro viejo, más pervertido aún que el anterior.

La habitación era pequeña pero grande para estar dispuesta para sólo unas cuatro personas. Todo en blanco pero elegante. Paredes, mesas, sillas...

Nos viene un chico como de unos treinta y tantos años con pinta de árabe, sirio o algún país así como árabe y nos ofrece la carta y los vinos. El viejo más salido, el de la supuesta pareja, pide unos vinos blancos al estar nosotras indecisas. Mi amiga alias “la de los vinitos” acepta encantada. Yo la verdad prefiero agua o mi Schweppes de limón, pero me enrollo un poquito y acepto tomar vino y agua aparte. Total, no conduzco.

Dejamos que ellos elijan los platos al estar confundidas ante tanto lujo y glamour y nos traen una burrata de no sé qué, una ensaladilla rusa con rodajas de atún y pan con tomate rallado y jamón serrano del bueno. ¡Casi na!

Empezamos a hablar de “nuestros negocios”. Que si la semana siguiente se va con su pareja a un crucero swinger para parejas, que si se va un hotel swinger en Canarias... Mientras le va contando sus batallitas de cómo comenzó en el mundo swinger a mi amiga y ella finge estar interesada, me quito la zapatillas derecha, me hundo un poco en la silla y mi pie talla 37 se aventura hacia la entrepierna del amigo modosito. Pronto noto cómo va endureciendo y claro está, el amiguito pervertido que morbosea con mujeres a escondidas de la parienta se queda sorprendido. ¡Que llegan los jueguecitos!

Como la habitación se puede cerrar, aunque los camareros vienen y van (el peligro de que te pillen) entre tanto me dedico a zorrear (uno de mis hobbies favoritos). En medio de la comida, después de estar unos minutitos acariciando el miembro viril del amigo modosito (que para su edad la verdad no estaba nada mal) con mi pie de semi adolescente, me levanto de la silla y me siento mirando hacia él encima de una de sus piernas.

- Mira, hoy vas a ver con las manos. Así, así.- Me levanto un poco el jersey y el sujetador, cojo su mano suavemente y la meto debajo de mi jersey, para que palpe mis tetitas de adolescente pequeñas pero firmes y duras, bien duritas.

- Ufff, me estoy poniendo burrísimo. Me encantan estas comidas – reacciona el amigo modosito.

- A mí me ha encantado. Repetimos cuando queráis – concuerda mi amiga.

De repente agarro con suavidad el cuello del amigo con mi mano izquierda y le planto un buen beso con lengua. El tío está empalmadísimo. El otro viejo, viendo el percal, aprovecha la ocasión para dar un beso con lengua a mi amiga milf y no quedarse con la envidia.

- ¿A ver cómo besas? Dice el viejo a mi amiga.

Mi amiga la muy cachonda da mini gemiditos mientras lo besa y le sigue el rollo. Están a punto de polvo.

- ¡A ver si repetimos esto! Me gusta este concepto de comidas – les confieso.

- Ya te digo, tía, además estoy flipando con el restaurante. Y eso que yo ya he estado en muchos, pero está todo super bonito.

- Otro día tenemos que hacer una comida de estas y luego pegarnos un polvo en otro sitio. - vuelvo a proponer.

- Yo es que la semana que viene me voy a Canarias, pero si eso a partir del día 8, podría.

- Pues sería cojonudo – alega mi amiga.

- Bueno, no sé yo. Porque creo que estoy de mis cositas y a mí me gusta estar en mis plenas capacidades. Así lo hago con más ganas y morbo. - les aclaro.

- Yo a ver si me puedo escaquear porque tengo que ver que la mía no se entere - se sincera el amigo.

- Oye ¿por qué no hacemos un grupo en Whatsapp y nos vamos calentando por ahí? - incitándonos mi amiga.

- Venga vale – contesta el viejo, emocionado.

Mientras la amiga crea y prepara el grupo busco una de mis fotos y le enseño desde mi asiento unas cuantas al amigo modosito.

- Hostia, ese culito me lo tengo que comer yo el próximo día – me pide eufórico.

- Claro que te lo vas a comer... Eso y otras cosas. Además... Te pienso pegar un polvazo que va a temblar Madrid.

Los ojos del amigo se ponen como platos. Se le ve que no está acostumbrado a vivir este tipo de situaciones, y yo soy bastante atrevida y no tengo tanto pudor para según qué cosas.

Me levanto y me voy desabrochando el botón del pantalón y bajando la cremallera a la vez que me dirijo al amigo.

- ¡Tía, tía, para! ¡A ver si va a venir el camarero!

- No te preocupes, que si viene Mustafá se va a llevar buenas vistas. Además por la cuenta que les trae no van a decir nada. Nos quejamos a la cayetana y que los echen a tomar por culo –intento tranquilizarla. - Además, no soy tontita y estoy vigilando. Tú si oyes algo me avisas y paro.

Mi amiga presencia la escena estupefacta mientras intenta no dejar de vigilar que pueda venir uno de los camareros, el Mustafá o el otro que hay latino y jovencillo, intentando hacerse el tonto. ¡La de cosas que habrán visto y tendrán que haber callado! ja ja ja.

Sigo con mi escena de película erótica de los setenta y me planto ante él de espaldas.

- Mira, ¿te gustaría comerte esto? Y no se me ocurre otra cosa que bajarme los pantalones de repente justo por debajo de los glúteos.

- Tía ¡qué vas a hacer! Mira que como nos pillen... – me advierte, pero no hago ni caso y sigo en mi show.

- Ñam, Ñam – se me abalanza el amigo hacia mi culito, lo agarra para que no me escape y mordisquea uno de mis glúteos.

- Estás como una puta cabra. Me meo ja ja – me confiesa mientras se tapa la cara haciendo un gesto como de “madre mía”.

- Que viene, que viene – nos avisa la amiga.

Esta vez viene un camarero latino con pinta de rondar apenas l atreintena. No sé si se ha enterado de algo pero su cara es extraña. Como la de alguien que ha visto cosas que no debería y mira avergonzado para abajo como queriendo pensar “tu haz tu trabajo, que las letras del máster que te va a dejar igualmente en el paro nose pagan solas”.

- ¿Qué tal?¿Todo bien? - pregunta acongojado pero sonriente.

- Sí, sí. - confirmamos entre todos.

- Bueno, pues me llevo esto y ahora vuelve el compañero con la carta de postres - nos informa el camarero latino.

En ese entremés de tiempo, me acerco a mi amiga y colocándome detrás de ella paseo mis manos por dentro de su sujetador y rozando mi boca por su cuello susurro un delicioso “ummm” que los pone cachondos a los dos de sopetón.

Estos tíos no parecen estar acostumbrados a ver a dos hembras de tan buen ver dar tal nivel de morbo. Siempre suele ocurrir que las más guapas son las más sosas y las más atrevidas en cambio, las más feas.

- Bueno, amore ¿cuándo nos vamos a morrear? - le pido mirándola con cara de deseo y complicidad a la vez.

- Ja ja ja ¡¡Domiiii!! Es una cachonda – le dice al viejo. Y consigue rehuirme.

- Bueno daos unos morreítos mientras viene el de los postres – les incito.

Nos levantamos todos. Yo me voy hacia el amigo y a ella le encasqueto el que está menos bueno. Él viejo menos atractivo la agarra de la cintura con fuerza y le planta un buen beso con lengua mal dado y muy salivado. Luego saca las manos de su cintura para adentrarlas bajo su sujetador. En cambio yo me siento encima de la pierna del amigo y le beso mientras le meto las manos debajo de mi sujetador.

- Ummm qué rico. - gimo.

Vuelve el camarero árabe, el Mustafá.

Nos sugiere unos cuantos postres y pedimos uno para cuatro. Yo les digo a los viejos que tienen que ver a mi amiga lamiendo los helados con la cucharita. Que una vez un tío con el que hicimos un trío trajo unos bollitos y se los comía con un morbo que el amigo y yo nos quedamos embobados con la boca abierta viendo cómo se los comía.

Al final el viejo pidió un trozo de tarta de zanahorias y lo compartimos entre cuatro. Pues entre los platos, el vino y otros tipos de comidas ya andábamos empachados.

Así que todos obeserbavamos cómo mi amiga milf lamía la cucharita llena de nata al igual que una de las mejores actrices porno lame de abajo a arriba el miembro más suculento ante las cámaras. Como si le fuera la vida en ello.

Como mi amiga se tenía que ir a recoger a los niños, la acompañé en su coche hasta su casa.

- Tía ¡somos la puta caña!¡Cómo nos salga esto bien podemos ganar buena cantidad de caramelitos! - se emociona.

- ¡Ya te digo! Joder, el amigo para la edad que tiene, no está mal. Yo me lo follaba.

- Joder y el viejo qué mal besaba – me confiesa.

- Yo le he besado luego a lo último pero le he dado algunas nociones y ha mejorado bastante. Hace años pensé en dar clases de sexualidad a tíos para enseñarles cómo tocar, besar y otras cosas, porque la mayoría lo hacen muy mal. Pero temía hacerlo porque la mayoría iban a ser los típicos que asistirían como excusa para echar un polvo fácil. Y yo me lo tomaría muy en serio. No la asignatura de música o religión del colegio.

Tomamos unas infusiones como buenas chicas recatadas, nos llevamos a los niños al parque, se me fueron los ojos ante unos jóvenes carismáticos y luego me acompañó hasta el metro.

Estoy impaciente porque llegue el día de la quedada a cuatro, con comida picante de introducción para ir calentando motores. Mucho mejor que llegar pim pam pum y adiós.
 
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