Me imagino que habrá término medio, pero para muchas mujeres es mucho más cómodo comenzar a ejercer que buscar una solución alterna.
Vamos a estar claros: Putas vocacionales son muy pocas, y muy selectas. Hay mujeres que no solamente tienen relaciones con un cliente sino que les sirven de terapia, los escuchan, les dan ánimos y reparan algún que otro trauma. Para esas, la prostitución no es algo sucio y traumatizante sino una profesión como otra cualquiera y suelen ser personas de muy alto coeficiente intelectual y muy preparadas, con una cultura superior a la media.
Pero estas pobres chicas a las que se refiere el artículo, se limitan a abrirse de piernas y musitar unas cuantas incoherencias supuestamente excitantes. Ni sienten ni padecen, mejor dicho, sienten asco por lo que hacen, o en el mejor de los casos, cumplida indiferencia. Es para ellas un mal menor, algo que les resulta fácil y mucho menos cansado que fregar pisos.
Pero claro, sería mucho pedir que los autores de estos artículos (la mayor parte de ellos narran historias inventadas) sepan discernir entre una cosa y otra.