Ese radar interno del que hablas, es de lo mas dificil de controlar, especialmente ante la situación que describes. No estoy en la situación ahora mismo, pero el solo imaginarla me activa el instinto. Una mirada corta, pero que graba la imagen en la memoria para siempre. Personalmente, después de admirar su figura discretamente, me encanta mirar a los ojos y, si las miradas se cruzan, entonces la mente imagina mil escenarios posibles. He de admitir que, desafortunadamente, nunca me he atrevido a acercarme después de esa mirada, a pesar de sentir esa conexión que inunda mi cuerpo, no se si el de ella tambien pero por la mirada diría que sí.
Sobre el uniforme, la verdad es que me encanta, porque aunque lleven esas prendas que parecieran hacerlas notar 100% correctas, es imposible esconder la lujuria que llevan por dentro, y descubrir esa otra parte de ella, hace que el animal dentro de mi se haga presente.
Aunque, si no lleva uniforme, entonces son los vestidos los que me vuelven loco. Nada de cortos y obvios. Prefiero los que son un poco largos, elegantes, que rozan justo por encima de la rodilla o caen hasta la pantorrilla. Esos que te obligan a imaginar todo el proceso: cómo se deslizaría la tela por sus muslos si yo metiera las manos por debajo, cómo se arrugaría contra su piel al subirlo despacio, cómo quedaría arrugado en el suelo cuando por fin lo dejara caer. Me encanta esa promesa lenta, ese juego de, todavía no, pero pronto.