Hace tiempo leí que los más enamoradizos no debieran frecuentar a las masajistas, opino que se perderían una de las mejores experiencias de la vida, el amor es sufrimiento.
Siendo un sentimental solo se puede esperar recibir collejas, es así, se aprende de lo arduo, de lo que duele, porque no existe un manual para entrenarte en la vida estilo matrix.
Engancharse es fácil, desde este lado las masajistas pueden ser seres especiales, de las que un romanticón enamoradizo puede quedar perdidamente prendado.
La primera vez en este lío masajístico, me tocó el premio, me enganché como un bendito, con la idea de caer lo mejor posible bajé la guardia y el temporal me cogió de pleno. Del primer encuentro volví a casa con los muebles alborotados y sin otro pensamiento que volver cuanto antes. Había habido feeling o eso creía yo, con el tiempo se ven los hilos de las marionetas.
Hubo química, lo juro, las visitas se generaron a velocidad de vértigo, cualquier momento, cualquier excusa para ir, su voz y su olor eran embriagadores, (un día habría que hablar de la química) me acompañaban en mi cerebro, resonaban a todas horas y sentía su olor pegado a mi y en la ropa que me regaló. Las conversaciones fluían, al principio solo una fachada que la protegía y formaba una imagen de ella frente a los clientes, pero con el tiempo me gané un poco su confianza pues nunca te la dará por completo, y nuestras conversaciones se extendieron por horas desde otro número que me facilitó. Fui confidente, quizás amigo, contenedor de desdichas, de desvaríos, de planes de proyectos, de ayuda en momentos de soledad. Cuando te follan la mente estás perdido. Cuanto mas conocía su humilde persona mas la apreciaba. Pero la confianza era como el Guadiana y a veces me trastocaba.
Había mucha sensualidad en los encuentros en los que el foco principal eran mas las formas y el fondo, que el fin ultimo, te sentías irremediablemente especial. Pero el agua siempre se cuela por cualquier resquicio, como la verdad, esa verdad incomoda que te apea de la nube y te reconduce a la realidad transacional y al propósito material que guía su camino. La verdad siempre aparece, la mentira se cobra su tributo.
Enamorarse corresponde a otro concepto fácil de equivocar, mancillado en muchas ocasiones, un rara avis bajo las circunstancias de este mundillo, que pueda darse no está exento de exclusividad y rareza, ya lo es en el mundo civil, aquí mas aún. No imposible si tu concepto humano de las personas traspasan lo meramente transacional.
Cuando eres sensorialmente activo percibes lo bueno y lo malo, acabas descubriendo una honestidad no deseada que como un mercancías arremete contra tu fantasía, no nos engañemos, el peso de la realidad de las circunstancias somete al sueño emocional.
Cuanto mas leía mas abrazaba la claridad.
Cada persona en una orilla u otra de este rio tiene su proyecto de vida, sus propósitos y sus circunstancias, si no se cruzan recíprocamente es muy complicado que se produzca el milagro, no hay mas. La transacción lo condiciona todo a pesar de la cadena de emociones, no hay nada malo en ello salvo que desde una orilla no se tengan las cosas claras.
Aprendes a no pretender salvar a nadie, a mesurarte, a entender las cosas en su ámbito justo, sin perder de vista el lado humano de las masajistas, son personas ante todo, algunas grandes personas. Con alguna te entenderás a las mil maravillas y podrás crear lazos de confianza y cercanía. Sentirse a gusto, cómodo y con confianza no es enamoramiento alguno.
Pero es muy fácil engancharse, si das con tu unicornio, aunque no lo pretendas, lo que pasa es que la inexperiencia te desnuda de esa protección natural del que lleva tiempo en esta orilla agendando y te empaña. Y aún así con experiencia y todo como se alineen los astros estas perdido, si existe reciprocidad se darán oportunidades para que cupido obre el milagro, ojo no exento de complicaciones.
Lo resumiría en una frase...
"La buena vida es cara, hay otra mas barata pero no es vida" (duro rival para el enamoramiento).