Claudia, embrujo colombiano.
Llevo demasiado tiempo sin escribir sobre
Claudia, una mujer increíble y una de mis favoritas del Palacio. Desde la última vez que escribí sobre ella nos hemos visto varias veces, probablemente una cada mes, todas ellas geniales, siendo la que tuve el miércoles pasado una de las mejores, aunque quizás es porque al ser tan reciente es la que mejor recuerdo o quizá porque ha sido la primera después de mis breves vacaciones. El caso es que unos días antes de regresar a Madrid ya estaba pensando en esta mujer y lo genial que me lo iba a pasar con ella. Ya se imaginan que tuve que pasar el trámite lógico de reserva y abono de tasas, algo siempre desagradable antes de disfrutar de los placeres que tenía reservados para mí el nirvana al que me iba a llevar
Claudia.
Cada vez que estoy con esta mujer empieza a sonar música en mi cabeza, no la música de violines de una cita romántica, música de verbena, porque es en lo que se convierte para mí cada cita con Claudia, en una fiesta que termina con un gran castillo de fuegos artificiales.
Conocen la canción 'Ruido' del grupo Muchachito bombo infierno, en la que el Langui canta aquello de: "hay escaleras de por medio, me es igual, mis ganas de ti hacen que ponga remedio ante cualquier barrera obstáculo o jodienda", pues eso me pasó a mí con Claudia el día del apagón, tenía tantas ganas de ella que me tocó pedalear para poder llegar a tiempo a mi cita, porque no iba a dejar a tan 'brava mujer' compuesta y sin su mayor admirador por la nimiedad de un apagón.

Pero no nos remontemos tan atrás.
El caso es que el miércoles se produjo el ansiado reencuentro con esta maravillosa mujer, llevaba sin verla desde el 17 de junio (lo he consultado en el sellito de la tarjeta) no se rían, porque aunque no lo crean es una barbaridad de tiempo lejos de esta mujer.
Otros compañeros han descrito a Claudia, consulten sus descripciones si les apetece, les animo a que pidan presentación y juzguen por ustedes mismos, pero les advierto su mirada es tremendamente hipnótica y les puede pasar como a mí, que caigan bajo su embrujo. Dicen que tiene treinta años, un dato completamente intrascendente teniendo en cuenta todo lo que ofrece esta mujer. En mi humilde opinión esta mujer es preciosa. Lógicamente para gustos los colores y sus colores para mí son de los mejores. Tiene unos ojos negros con una intensidad en la mirada que me vuelven loco y una boca preciosa.
Como dice el grupo Sínkope: "Porque ella es guapa al despertar, despeina' y con legañas
Ella es guapa una jartá terriblemente guapa,
Y llega a mi altura y con la luz de su mirada, en na' y menos me ciego
Y me pego a su locura y el infierno de su boca pa' mis labios es el cielo"
En cuanto a su cuerpo diré que las prefiero bajitas y que abulten poco, tal vez porque soy talla S y así me creo que estoy mejor equipado. Esta mujer no es bajita, pero no me puedo resistir a su mirada "como no haber amado sus grandes ojos fijos" me han pillado, he plagiado a un premio Nobel de literatura, ya puestos le plagio otro verso "La besé tantas veces bajo el cielo infinito". Si señores, así fue.
El caso es que después de muchas citas ambos nos conocemos muy bien y sabemos que nos gusta a cada uno.
El día que tuve mi primera cita con esta mujer surgió la magia, pero magia de la buena. No solo me gusta como me mira, sino cómo me habla, como se acerca y suavemente exige, me somete para que empiece nuestro ritual tantas veces repetido, nunca igual y siempre genial.
Por supuesto que lo primero es el aseo, algo imprescindible e inexcusable para que ambos podamos desplegar nuestras habilidades lingüísticas.
Entonces empieza a sonar en mi cabeza "y ahora navego por tu cuerpo dejando estelas en tu piel con la saliva de mis labios".
No lo he dicho yo, lo dice la canción o quizás si lo he dicho.
El caso es que no lo puedo remediar y tengo que navegar, navegar hasta que llega el maremoto, me encanta nadar entre esas olas, lógicamente siempre aviso para que le digan que voy a ser su nadador particular y ella se prepara para que pueda disfrutar plenamente de las olas de su mar, aunque a veces no lo puedo remediar y trago, bebo el líquido que me rodea y que tanto me gusta, el mejor que he probado de este tipo en mi vida. Uno que está curtido ya en estas lides siempre va preparado con un empapador.
Antes les dejé a medias con la letra de la canción de Sinkope que sigue diciendo:
"Recorro su cintura y del prado de su vientre bajo pa'l monte de Venus.
Se desata mi lengua se mete entre sus piernas mis manos en sus pechos" por si les apetece escucharla.
Alguien se ha entretenido alguna vez en contar las horas del mar? tampoco lo hice el miércoles pasado mientras nadaba junto al borde de la cama. Pero quería seguir bañándome así que me tumbé para poder nadar boca arriba, y si antes había podido mantener mi pelo seco, cuando ella se puso encima de mí, ya no conseguí nadar manteniendo mi pelo seco.
En ese momento fue cuando quise pasar al masaje completo, ella me dijo no sé qué de Francia y le dije que después. Así que allí en el borde de la cama conseguimos que el empapador ya no sirviese para nada al sentir como goteaba en mis pies la fuerza del mar, porque esta mujer consigue sacar mi mejor versión masculina y eso siendo yo un sexagenario ya es mucho decir.
Ya podía continuar con lo que me había dicho de Francia, y vaya que si continúo, demostrando su enorme habilidad y atendiendo con mucho cariño a los gemelos que no paraban de demandar sus atenciones lingüísticas. Yo empezaba a correr peligro y temía que todo fuese a terminar demasiado pronto así que volví a recordar cuando el Langui cantaba:
"De la mañana a la noche
de tu cuerpo al mío
de mi voz a mi entender
De tu gozo a mi deseo
y mi deseo hasta comerte los 'deos', uffff
los 'deicos' de los pies".
Al buen entendedor con pocas palabras le basta.
Había llegado el momento de contar. Me encanta cuando esta mujer se pone en modo profesora de matemáticas. Hace un no sé que a la hora de explicar las matemáticas con la lengua y ya sí que no puede aguantar más quedándonos en el número 69. En esta ocasión el mar de sensaciones las tenía yo y no podía soportar ni tan siquiera su contacto de lo sensible que me había dejado. Fue de las mejores que recuerdo.
Claudia es una grandísima profesora, me siento muy afortunado de haber podido conocer a una mujer tan profesional y con tan amplio magisterio, ya que la carta de servicios que ofrece es amplísima, probablemente la más amplia de la casa.
Creo que se marcha pronto de vacaciones, así que les animo a que pasen esta semana a disfrutar de tan maravillosa mujer. Mientras mi cuerpo y mi cartera resistan yo pienso repetir.