Sobre el punto 2: no siempre está la pelota en el tejado del hombre. A veces son las "mujeres" las que no se relacionan con "normalidad" y resulta que son más "normales" las "señoras meretrices"... bueno... quizá "normales" no es el término, al no ser norma dicho estado de las cosas; pero sí "deseable" o también tendente a "óptimo"... En ocasiones pareciese que hombres y mujeres tuviéramos nuestras metas respectivas distantes de nosotros y, a la vez, distantes entre ellas mismas, y que, en el afán de perseguirlas, es cuando nos encontramos unos y otras en forma de tortazo (a veces muy gustoso), en la intersección de las trayectorias.
Lo de engancharse a la misma... tiene su rizado de rizo cuando uno se engancha a muchas... entonces... dónde queda eso de la incapacidad de intentarlo con una persona nueva? Más bien es la muestra de una buena dotación de criterio y cualidades interpersonales, dispuestas a abrir nuevas relaciones y dotarlas de sentido en el horizonte vital. Además, el psicólogo de turno no está libre de tirarse el moco e ir de "estupendo" por la vida... Quizá sea más sencillo y ajustado decir que hay personas a las que el sexo -por las razones que sea- les gusta mucho más que a otras. El hecho de que en las formas de encaje de dichas individualidades medie intercambio dinerario puede quedar -a los efectos discursivos de este debate- provisionalmente al margen, sin perder de vista el sentido simbólico del dinero como representación de energía. Aunque... teniendo en cuenta los diferentes grados de vocación y bonhomía de las y los partícipes, amén de la necesidad mutua y otras circunstancias accidentales -si bien no superfluas-, hasta dicho intercambio oneroso llega a desvelar su naturaleza sofística, caduca y contingentemente sin objeto, a la luz de la cualidad puramente humana (que incluye la raíz animal) de las cosas de las que aquí se habla.