¿Trabajas en aquello en lo que de joven imaginaste que trabajarías?
A mí me encanta mi ocupación. No me gusta llamarlo trabajo, yo prefiero decir que lo mío es arte y que soy una artista. La palabra “trabajo” tiene esa connotación negativa del castigo. ¡Ay Eva la que nos liaste! Y tú Adam mira que eres fácil de convencer hombre..., ¿no te podías haber resistido un poquito alma de cántaro?
“Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!". Génesis 3:19.
Hombre, ¿que se merecían la expulsión por desobedientes? Sííí… cierto es, que el pecado original no es baladí. Pero a mí me parece excesiva tanta inquina, total por un mordisquito de ná. Pero si además la manzana no debía de saber mucho. Mucho conocimiento y sabiduría tendría el árbol, que no digo yo que no. Pero el mordisco a la fuerza fue de esos de boquita de piñón, que seguimos aquí, con el sudor de la frente a cuestas y bien rebozados en el polvo de la tierra (aunque por suerte es cierto que siguen habiendo polvos que no parecen de este mundo).
Dedicamos tantísimas horas al trabajo para obtener un salario digno (?) con el que subsistir y así poder cubrir nuestras necesidades, que es condición sine qua non que al menos nos guste aquello a lo que nos dedicamos.
Es imposible encontrarse bien mentalmente si lo que haces no te gusta, ¿no creéis? Por no hablar de lo que cansa estar todo el día haciendo algo que no te apetece nada hacer.
Cuando le preguntas a alguien que a qué se dedica suele responder “soy” tal o cual cosa. “Soy”. Es fácil concluir que nuestras ocupaciones le dan sentido a nuestras vidas, que nuestros trabajos son parte básica en nuestro desarrollo existencial.
Que todos los miembros de la sociedad tengan acceso al empleo y lo ejerzan, es un derecho fundamental (permitidme unas risas). Esto es esencial para el propio desarrollo y sostenimiento de la misma sociedad. El empleo es pues la columna que vertebra la economía productiva. Facilita la participación y favorece la distribución de la riqueza. El que parte y reparte se queda con la mejor parte, que todos sabemos que ser rico cuesta mucho dinero.
No te voy a preguntar a qué dedicas tu tiempo productivo. Todos hemos soñado desde bien pequeños con nuestras profesiones ideales. Yo de pequeña quería ser monja, misionera. No te rías, que te lo juro por Snoopy. Aquel que me oía decirlo me decía que sí, que monja sí, pero en un convento de frailes. Ni idea de a qué se podían referir.
Estoy contenta, quería ser misionera y tengo una misión.
Y tú, ¿trabajas en aquello en lo que querías trabajar?
Buen domingo pequeños mostruos y os doy las gracias por anticipado por contestar.