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Me has dejado sin aliento solo con leerte. Me encanta cómo pasas de la delicadeza del vello erizado a la urgencia de esa 'silla eléctrica'. Parece que tienes claro que en ese baile no habría descanso, solo una entrega absoluta.Sin duda la Silla, porque en la primera vez quiero conocer el detalle de tu cuerpo hasta el último pliegue.
Primero te sientas dándome la espalda que acaricio con el filo de las uñas, siguiendo la línea de tu columna mientras noto como se eriza el fino vello de tus brazos. Cuando crees que tienes el control del ritmo te levanto una pierna y la pongo sobre la mía, ahora para conservar el equilibrio necesitas sentarte… más profundamente. Las uñas empiezan a dejar marca ¿o es el deseo? El ritmo es lento pero llega más, más dentro.
Cuando crees que has encontrado la cadencia perfecta te hago levantarte y frente a mí me das placer. Luego te sientas tú, recostada, y se invierten las tornas. De nuevo crees que encuentras un ritmo, pero cuando empiezas a ver la luz te vuelvo a poner encima de mí, de frente, sentado en la silla, y ahora sí, mientras una mano agarra tu cadera, la otra te sostiene debajo del pecho y deja que inclines, solo un poco, el torso, para que al moverte arriba y abajo haya un suave giro circular, y la velocidad es cada vez mayor.
El sonido de los embates es más alto, y te das cuenta de que es también mi respiración y el latido de tu sangre que se acompasan. La silla se ha convertido en una silla eléctrica, sabes que no puedes soltarte de mi cuello porque ya te has quedado pegada a mí, y en un último grito la silla te da la petit mort en un fogonazo de placer.
Ese último fogonazo de la petit mort suena a una promesa a la que sería imposible negarse. Si así es el detalle de la silla... me pregunto qué otras escenas guardas en esa imaginación tan afilada.
